Cuando a principios de la década del 2000 planificábamos las plantaciones en nuestro campo Belén, ubicado en el corazón del Valle de Casablanca, ya teníamos algunas consideraciones en mente. Lo primero, llevar a cabo una plantación vanguardista, de más de 130 ha en alta densidad, cuyos viñedos estarían orientados a vinos de alta calidad.
El otro punto inamovible fue preocuparnos de conservar -o afectar lo menos posible- la biodiversidad del lugar. Por eso mantuvimos los grandes árboles nativos que estaban en los cuarteles destinados a viñas y decidimos que fueran ellos los que les dieran sus nombres a nuestras parcelas. A su vez, cada una de ellas está asociada a un tipo de suelo específico de ese sector.
Especialmente relevante y bien planificado fue el aspecto relacionado con el desarrollo y mantención de corredores biológicos o, más correctamente, de corredores de conservación, que en definición de la WWF se pueden resumir como “el espacio en donde se unen dos o más ecosistemas, paisajes o hábitats que fueron desconectados debido a las diversas actividades humanas como la agricultura, la ganadería, la urbanización o, inclusive, obras de infraestructura, como carreteras”. “A través de estos pasajes, los animales pueden trasladarse de un territorio a otro y buscar nuevas oportunidades para su supervivencia”.
La diferencia entre corredores biológicos versus de conservación, radica básicamente en su ancho. En nuestro caso, contamos con corredores de conservación, que unen y conectan los cerros que rodean Belén con el interior del campo.
En ellos se han mantenido sectores de mayor sombra y humedad, donde se desarrolla una variada flora e insectos que contribuyen a la mantención del ciclo vital de los organismos de este ecosistema. Gracias a ello podemos ver continuamente zorros, quiques, e incluso coipos, además de las numerosas aves que están en nuestros dos tranques acumuladores. Entre ellas se destacan las taguas, distintas especies de patos, además de águilas, carpinteros y pitíos.
También hemos aprendido de eventos desafortunados -como los incendios de 2017- que estos corredores debieran ser bien mantenidos y considerados como cortafuegos en los cerros para que no sean conductores de las llamas hacia el interior de los campos, como ocurrió en otras zonas del país.
Ricardo Baettig



